31/03/2007

 

MUERTE NUMERO ONCE 

Suena el despertador y los ojos ya estaba abiertos. Mira por la ventana desde su cama para encontrarse el mismo panorama de cada mañana. Nubes grises, pasos de gente que va y viene, cables de luz y teléfono que crean telarañas entre los muros de enfrente. Después de un baño rápido, viste algo gris, toma las llaves y sale. En silencio camina, en silencio mira a su alrededor sin mirar nada. Esa mirada perdida ya no tiene ni fecha de nacimiento. Comenzó hace tanto que parece que ha vivido siempre con ella. Los ojos no brillan como antes, no se dibuja una sonrisa en su rostro al encontrar algo agradable, no siente los olores como antes. Sube al bus y sentándose en un asiento individual pasa una hora sin que nada cambie. Nada. Todo sigue igual.
Regresando despues de un día en silencio, se quita los zapatos y tranquilamente se deja caer en el piso para escuchar la nada. La rutina del día es exactamente igual a la de ayer, a la de manana, a la de todos los días. Siente el piso templado sobre sus brazos, cierra los puños y se queda asi hasta dormirse.
Despierta a la mañana siguiente con los mismos puños cerrados y la misma postura que la noche anterior. No siente nada. No siente alegría, no siente tristeza, no siente dolor, nada le preocupa o le alegra, es una sombra mas en un mundo gris. Y como sombra, va y viene, hace y deshace, sin llamar la atención, sin despertar un recuerdo, sin cerrar los ojos ante la nada. Se pregunta si siquiera tendra esperanza, si algo cambiara este dia, si el momento mágico que ha esperado toda su vida será hoy. Tal vez por eso se levanta. Tal vez por eso come algo rápido, se baña y se pone los zapatos de la manera habitual.
Recorre el mismo camino, encontrando a las mismas personas, a la misma hora del día. Esperando el bus, siente una mirada sobre sus hombros. Ligeramente voltea su cabeza y empiezan los segundos mas largos de su vida. Aquellos en los que se adentro en esa mirada que la persiguió mientras la espera se hacia muy larga. Una sonrisa. Parecía que sus labios no reconocían ese gesto, pues se abrieron hasta que dolió. El olor a caramelo en el ambiente tampoco era algo usual. Se incorporó nuevamente y la sonrisa seguía ahí. Ese era el día. Lo supo desde que volteó y vio su presente y su futuro enganchados en una calle apedrada y angosta. Los balcones, las flores blancas totalmente abiertas a su alrededor. ¿Es que acaso había estado todo eso ahí antes? Se escucho el ligero rechinido de unos frenos y una parte de su cuerpo, todavia en automático, adelantó los pasos para hacer la subida. Un golpe hueco y entre el gris y el negro todo se apaga de repente. Murmullos, gritos y los latidos cada vez mas tenues. No sin antes volver a abrir los ojos para entre nubes que ahora acompañaban su visión, buscar la mirada que le dio vida a su vida cuando esta terminó.

 

Posted by nahiely at 22:58:33 | Permanent Link | Comments (0) |
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