MUERTE NUMERO NUEVE
Para sus oídos eran canciones de cuna con trinos azules y notas en forma de burbujas en todo su alrededor. Corría rápido, despacio, de un lado a otro y el sol se reflejaba entre las nubes de aquel día perfecto para una comida de campo familiar. El árbol y su gran tronco parecían hacer un llamado para ir hasta el tope. Dos mariposas parece que se pelean frente a sus ojos aceituna que se abren grandes por sorpresa ante tal encuentro. Abraza el tronco y siente la suave madera entre sus pequeños dedos, mientras hormigas catarinas y uno que otro grillo juegan entre sus pies. Escucha el llamado una y otra vez mientras lo ignora volteando al cielo con la sonrisa mas grande que su boca puede ofrecer. Corre otra vez, mas fuerte hasta que se cansa, pero decide seguir. Mas y mas, mas y mas. Verde, rápido, humedad. Fuera zapatos, lazo del pelo y vestido. Corre, corre, corre… Corre y ahora parece volar. En sus pequeñas ropas de cama blancas esta volando. Ve las copas de los árboles, los nidos. Ahora el pequeño condado como una diminuta maqueta a sus pies. Parece su reinado, su sueño, su fantasía y su tumba. Su familia se ha convertido en pequeños puntos entre el pastizal. Recorre entre nubes hasta llegar tan alto… tan alto… que ahora ni siquiera puede ver.

