Friday, March 30, 2007

MUERTE NUMERO NUEVE

Para sus oídos eran canciones de cuna con trinos azules y notas en forma de burbujas en todo su alrededor. Corría rápido, despacio, de un lado a otro y el sol se reflejaba entre las nubes de aquel día perfecto para una comida de campo familiar. El árbol y su gran tronco parecían hacer un llamado para ir hasta el tope. Dos mariposas parece que se pelean frente a sus ojos aceituna que se abren grandes por sorpresa ante tal encuentro. Abraza el tronco y siente la suave madera entre sus pequeños dedos, mientras hormigas catarinas y uno que otro grillo juegan entre sus pies. Escucha el llamado una y otra vez mientras lo ignora volteando al cielo con la sonrisa mas grande que su boca puede ofrecer. Corre otra vez, mas fuerte hasta que se cansa, pero decide seguir. Mas y mas, mas y mas. Verde, rápido, humedad. Fuera zapatos, lazo del pelo y vestido. Corre, corre, corre… Corre y ahora parece volar. En sus pequeñas ropas de cama blancas esta volando. Ve las copas de los árboles, los nidos. Ahora el pequeño condado como una diminuta maqueta a sus pies. Parece su reinado, su sueño, su fantasía y su tumba. Su familia se ha convertido en pequeños puntos entre el pastizal. Recorre entre nubes hasta llegar tan alto… tan alto… que ahora ni siquiera puede ver.

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MUERTE NUMERO OCHO

Escribiendo unamañana mas en el diario que llevaba desde hace mas de 20 años, se da cuenta que siempre escribe lo mismo. Desde aquella despedida en la playa, siempre pensó que regresaría, añorando día tras día su llegada. ¿Cuando empezó la rutina?, ¿en que momento sus manos estaban manchadas?, ¿cuando fue que salió su primer arruga?. Cada día despertaba, cambiaba las sábanas por un juego limpio, sacudia cada rincón de la habitación, exponiendo en la obviedad algunas fotos de su romance aquel otoño. Las hojas que recogieron juntos mientras crujían entre sus pies descalzos a cada paso, engomadas en algunas hojas de su diario, aun desprendian un olor a nostalgia que con cada inhalo se hacía mas débil. El desayuno solo era una tostada y un café bien cargado, tenía que estar despierta y en todos sus sentidos en el momento de su encuentro, pero limpiaba frutas brillantes y coloradas para ponerlas al centro, sobretodo ciruelas, aquellas que comieron tantas veces juntos bajo esos árboles despues de las deliciosas caminatas en el parque a mediodía. A veces derramaba unas cuantas lágrimas para el momento que tenia que sacar, leer y volver a guardar las cartas que, ya con la tinta muy gastada, aun conservaba en un tarro de galletas en su comedor. Escogía su ropa entre los pocos trajes elegantes que colgaban en su vestidor y después de un largo baño en el cual, se inundaba con el agua su emoción por el cercano encuentro, empolvaba su rostro con el talco mas fino. El espejo ya no reflejaba un rosto, sino una mera ilusión. Esa ilusión se reflejaba y brillaba tan fuerte que no permitía observar el paso de día tras día en todo su ser. Limpiaba las hojas del patio, aunque ni siquiera existieran, tallaba las paredes que ya ni pintura tenían. Ponía la mesa para dos, descorchaba un vino y se sentaba a esperar. A esperar y a esperar hasta quedarse dormida, prender una vela por si la llegada era de noche y seguir esperando. Y escribiendo el diario, como cada mañana, con la misma rutina, sobre las mismas hojas y con los mismos recuerdos, se dio cuenta que no llegaría, que ese día ya no esperaría. Termino de escribir, y salió, rumbo al mismo encuentro pero en otra dirección.

 

 

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MUERTE NUMERO SEIS

 Nada en el interior y todo en el exterior. La puerta del 306 se abre exactamente a las 9.45 después de la cena. Dulce, salado otra vez dulce. Festin nocturno que compartío con su soledad mientras todos los pensamientos volaban por su mente. Ultimamente había sentido presión en el pecho constante, pero simplemente creyó que simplemente no tenía mas amor qeu estuviera latiendo dentro de si. A pesar de la nada, en todo pensaba. Era increíble como en su mente todo daba vueltas desde el restaurant hasta la casa. Pollo, ensalada, hogaza de pan centeno y un gran pedazo de pastel. Ante sus ojos parecía un manjar de un ejército. Aquella tarde volvió a sufrir el rechazo una vez mas. Lloró un poco antes de salir, pero encontro el resguardo como cada noche dentro del farol que alberga todo aquello tan apetente que la hace olvidar. Pero su vida no es suficiente para aceptar todo aquello. La miseria no es suficiente para aceptar nada bueno. Se queda pensando y aunque el cansancio ya es fatal, decide desahogarse de todas aquellas maravillas que la consolaron del rechazo sentido por ciertamente, última vez. Lo sabía pues otra vez sintió que ya sin fuerzas, ese amor latía cada vez menos. Una, dos, tres… Hasta acabar. Hasta el final y hasta tirarse entre los mosaicos azul y blanco sin respirar.

 

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Thursday, March 29, 2007

MUERTE NUMERO CINCO

Había soñado con esto toda su vida. Las flores a su alrededor, el cielo en un profundo azul y todo perfectamente arreglado.
Mientras la espera obligatoria se llevaba a cabo, su pelo arreglado en mil dobleces y con un tocado de flores blancas se reflejaba en el espejo desde la ventana.
Saliendo al jardín, el olor de las rosas le atrae acercándose cautelosamente para evitar manchar su vestido. Da un pequeño paso y el tacón se atora entre el pasto recién desplegado. Entre pequeños esfuerzos, una bronca voz ofrece ayuda.
Negando la mirada, accede elevando el brazo a la altura de la voz. Mientras tanto, el corte plata se atora en la pedrería de su atuendo, pero entierra instantáneamente en la parte de arriba de su espalda. Pensándolo insuficiente, la bronca voz toma la cabeza, provocando una mirada de fascinación por aquel encuentro.
Sabía que no había modo de liberarse, por lo que accedió al momento de toparse con el brillo de esos ojos, los mismos que meses antes había conocido en el bar y despedido en el departamento.
El corte plata clava ahora en el pecho, obsequio anterior que sin querer, creyó poseer por siempre. Soltándo el cuerpo en el jardín, se aleja escuchando las campanas que anunciaban el inicio de la ceremonia.

 

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MUERTE NUMERO DOS

La soledad la estaba inundando . Cada vez los días eran más frios, las noches mas oscuras, las horas más largas.
Mirando a través de la ventana, las gotas resbalaban libres, regocijantes en su caída. Su corazón al igual que el día se encontraba lleno de lluvia. Había un extenso silencio que se interrumpió con el suave suspiro que indicaba la hora. Sintió un obstáculo en su garganta. Su mirada seguía fija en el gris día. Fue entonces cuando se desprendió de su alma. Un leve rocío se mostró en su cara cuando ya no respiraba. Aún sentía un poco de frio, pero en un segundo se fue al igual que todo.
La silla crujió un poco y al momento se volvió inmovil.
Tan profunda como aquel día su mirada seguía clavada en la ventana.

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MUERTE NUMERO UNO

 
Estaba empapada su cara, rojas sus manos y sentía un cansancio fatal. Escuchaba voces distorsionadas por su fuerte dolor de cabeza y que se confundían con sus gritos por algunos instantes. Parecía que aquello por fin se había dejado de mover. Las lágrimas de dolor transcurrían mientras la mujer le aplicaba masajes que tan solo disfrazaban el cansancio. Lentamente voltea la mirada para toparse con un destello que se acercaba rapidamente.
Ahora ya no puede gritar. El destello penetra lentamente. Un grito y el sudor ha desaparecido, todo se mueven más rapido.
La visión se torna borrosa, pero alcanza a distinguir algo rosado en el lugar donde se hallaba el destello. Todo se torna obscuro. El cuarto deja de ser ruidoso. Las manos ya no son rojas. Ha entrado él y he salido yo. Muy a lo lejos más gritos, ha valido la pena.

 

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Cronicas de la Muerte de una Mujer o Y Murieron Felices Para Siempre

PRÓLOGO

 La mujer. Prefección. Obsesión. Sentimiento. Vida que ofrece y muerte que recibe. Madres, hijas, compañeras, trabajadoras, solitarias, amantes, maestras, refugios. ¿Cuántos papeles es capaz de realizar una mujer? ¿Quién es capaz de dar un completo valor y entregar su vida por ella? ¿Cuántas veces tienen que gritar en su interior para recibir lo que quieren de nadie?… ¿De qué manera se puede morir una mujer? Escrito impersonal, como su vida, en ningun tiempo, en ningun contexto específico. Como pasa desapercibida, como nadie se da cuenta. Como mujer.

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Mi país de las Maravillas

Había una vez una niña en el bosque. No sabía a donde iba, solo caminaba siempre en círculos. Con la mirada a diario hacía abajo, evitaba las piedras, esquivaba los insectos. Por la noche se tendía en algun claro cercano para admirar las estrellas, aunque siempre le diera frio. Su vestido era tan corto que demostraba que había crecido, sus cabellos tan largos y enredados que parecían cien nidos dorados.

Cada vez que su piel tocaba el pasto, sentía un escalofrío desde su pie hasta su frente, por lo que pensaba que ese era el lugaren el que debía estar.

Un día decidió caminar mas lejos. En silencio, despacio y en defensa como siempre lo solía hacer se encamino en su nueva aventura. Encontró una cabaña, oscura, curiosa, acogedora. Parecía que le decía que entrara, cada vez mas fuerte conforme pasaba el tiempo. Llena de miedo, la niña abrió la puerta y entró.

El frío inmenso, la oscuridad, los murmullos provenientes de ningún lado la cegaron, y decidió quedarse ahí algún tiempo.

Pasaron cien años y la niña dejó de ser niña. Todavía con la piel mas suave, con el cabello mas enredado, con el vestido mas corto. Caminaba de un lado para otro sin encontrar nada, como la niña lo solía hacer diariamente dentro de la cabaña. Pero por alguna razon, nunca encontraba la salida, a pesar de que la puerta siempre estuvo de par en par.

Esa noche, el claro de la luna fue el mas intenso que hubo en cien años. Los precipitosos rayos entraban por una grieta directo hacia la mano de la niña. Ella despertó y sientio el tibio calor de los rayos sobre sus contra palmas. Poco a poco fue recordando que afuera había luz, que existían otros olores aparte de la madera vieja y roida, que ella estaba caminando antes hacía algun lado.

Inmediatamente buscó la puerta, que bastó con tocarla para que se abriera lentamente. Tenía mucho miedo de volver a sentir, lo que alguna vez cuando fue niña, sintió todos los días. Poco a poco sus pies hicieron contacto con el pasto, sus ojos se llenaron de luz de luna, su nariz se envolvió en el olor a jazmin que se desprendía de los árboles.

No podía contener sus sentidos, los cuales estaban totalmente inundados de sensaciones después de tanto tiempo de estar insensible. Pero aún algo hacía falta. Se posó bajo un árbol que le brindaba sombra durante el día, cobijo bajo la noche. Vio pasar el sol, la luna, las nubes, varios atardeceres. Sentada ahí. Hasta que un día, escucho un murmullo. Abrio los ojos grandes y trató de no moverse. Una sensación de copo de algodón le rozó la cara, la piel se le erizó y al instante volteo la mirada hacía arriba.

Los murmullos eran de un gato que estaba enredado en una de las ramas de la nueva casa de la niña. Apenas sus miradas se cruzaron, el gato dio un salto hacía el regazo de esta, con tal confianza que parecía que ya habían estado asi antes. La niña (que ya no era niña), lo acarició, sintiendo el suave y tierno pelaje entre sus dedos, haciendo presion desde la sien hasta la cola, de un lado a otro. El calor del  cuerpo del gato le empezó a devolver color a sus manos, que sin darse cuenta, estaban ya frias y muertas. De vez en cuando se inmovilizaban y parecía que eran una sola imagen. La niña, el gato, sus miradas, sus olores, su respiración y latidos, todos eran de pronto uno solo.

Un día la niña sintió que había recuperado las fuerzas y por primera vez volteó a su alrededor. Ahora todo era mas brillante, el sol sobre el rocío entre las hojas y flores deprendía mágicos destellos que hacían que entrecerrara los ojos de vez en cuando. Nunca el jazmín había olido tan bien, o el pasto había sido tan suave.

Tomo al gato entre sus brazos y empezó a caminar en dirección del claro de estrellas. Aquellos botones plateados tenían que ser su próximo refugio, pero ahora iban a ser mas suaves y mas brillantes que nunca, pues el gato estaba a su lado.

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