Tuesday, April 17, 2007

MUERTE NUMERO TRECE
(MUERTE PRIMAVERA)

Ya que tenían una huerta muy grande, siempre se podía sentir un vientro fresco, con olor a pino y al mismo tiempo, obtener los frutos mas jugosos y grandes al instante. Había sido una tradición familiar cuidarla y conservarla como si fuera, además que lo era en muchos aspectos, un tesoro interminable que casi portaba su apellido.
Uno de los árboles mas frondosos era el manzano por el cual, las manos de casi toda la familia pasaban diariamente para recoger aquellos enormes y jugosos manjares con los cuales se hacían inumerables postres o bocadillos de medio día. Mientras las cocineras se lucían con unas torrejas con canela, distintas sidras y uno que otro pan de frutos secos, nunca olvidaban la órden que tenían de guardar cada semilla en el frasco de vidrio que estaba en una esquina del comedor. Conforme pasaban los días eran más y más las semillas que se acumulaban a puños de la sevrvidumbre que cuidadosamente las almacenaba sin saber el propósito o fin de las mismas.

Una cena especial que incluía su cumpleaños número 46 se iba a llevar acabo esa misma noche. Toda la familia estaba muy ocupada con los detalles. Era su primer cumpleaños desde su separación y el que solo uno de los dos hubiera ya rehecho su vida, en cierta manera afectaba todo su alrededor. Media ciudad se iba a reunir mas que a celebrar, a compartir su pena, pues no era ningun secreto sus raros estados de ánimo y sus largas depresiones desde la boda.
Olor a comida recién hecha, copas de vino rellenandose y muchos murmullos era lo único que se escuchaba desde el balcón trasero.
La preocupación de su madre al servir el segundo tiempo y que no hubiera bajado comenzó cuando ya hacía rato que la última luz de adentro se había apagado. Entra para escuchar algun ruido, esperando que la tristeza no hubiera inundado esta vez su corazón. Observa el frasco de semillas, esta vacío sin ninguna razón. Huele a primavera.

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Wednesday, April 11, 2007

 

MUERTE NUMERO DOCE 

La conglomeración era tal que sus oidos se bloquearon, mientras en un espasmo su cerebro no pensaba mas. Uno, dos, tres golpes y reacciona. Trata de llegar a la puerta mientras recuerda en un acto de lucidez que ha dejado algo en la planta alta. La histeria a su alrededor hace sus reflejos lentos y torpes, pero aun así se abre paso hasta la escalera principal. Es dificil moverse entre el trafico en sentido contrario, pero lo logra con mucho trabajo y después de valiosos minutos que han aumentado el siniestro. El cuarto esta gris, rojo, naranja y negro. Recuerda aun aquellos adornos que con ilusión estampo en las frias paredes unos meses antes, y que ahora no existen mas. Un segundo qeu es como un millon al mismo tiempo la inunda en lo profundo, mientras su estómago se vuelca al encontrar en aquel lugar solo un puño de maderas, trozos de papel, tela negra y con un olor insoportable sin ninguna vida adentro. Todo da vueltas por un minuto exacto en el cual la piel es gris, las chispas ahora parecen magia y hacen que se acerque hacia las nubes que deben ser el cielo. Unos cuantos pasos y toca la que parece la entrada para ir a su encuentro, pues debía estar en algun lado. El golpe ante el asombro de los demás ni siquiera produce sonido. Ha recorrido una eternidad en una fracción de tiempo y por fin estan en su compañía otra vez.

 

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Sunday, April 1, 2007

 

MUERTE NUMERO ONCE 

Suena el despertador y los ojos ya estaba abiertos. Mira por la ventana desde su cama para encontrarse el mismo panorama de cada mañana. Nubes grises, pasos de gente que va y viene, cables de luz y teléfono que crean telarañas entre los muros de enfrente. Después de un baño rápido, viste algo gris, toma las llaves y sale. En silencio camina, en silencio mira a su alrededor sin mirar nada. Esa mirada perdida ya no tiene ni fecha de nacimiento. Comenzó hace tanto que parece que ha vivido siempre con ella. Los ojos no brillan como antes, no se dibuja una sonrisa en su rostro al encontrar algo agradable, no siente los olores como antes. Sube al bus y sentándose en un asiento individual pasa una hora sin que nada cambie. Nada. Todo sigue igual.
Regresando despues de un día en silencio, se quita los zapatos y tranquilamente se deja caer en el piso para escuchar la nada. La rutina del día es exactamente igual a la de ayer, a la de manana, a la de todos los días. Siente el piso templado sobre sus brazos, cierra los puños y se queda asi hasta dormirse.
Despierta a la mañana siguiente con los mismos puños cerrados y la misma postura que la noche anterior. No siente nada. No siente alegría, no siente tristeza, no siente dolor, nada le preocupa o le alegra, es una sombra mas en un mundo gris. Y como sombra, va y viene, hace y deshace, sin llamar la atención, sin despertar un recuerdo, sin cerrar los ojos ante la nada. Se pregunta si siquiera tendra esperanza, si algo cambiara este dia, si el momento mágico que ha esperado toda su vida será hoy. Tal vez por eso se levanta. Tal vez por eso come algo rápido, se baña y se pone los zapatos de la manera habitual.
Recorre el mismo camino, encontrando a las mismas personas, a la misma hora del día. Esperando el bus, siente una mirada sobre sus hombros. Ligeramente voltea su cabeza y empiezan los segundos mas largos de su vida. Aquellos en los que se adentro en esa mirada que la persiguió mientras la espera se hacia muy larga. Una sonrisa. Parecía que sus labios no reconocían ese gesto, pues se abrieron hasta que dolió. El olor a caramelo en el ambiente tampoco era algo usual. Se incorporó nuevamente y la sonrisa seguía ahí. Ese era el día. Lo supo desde que volteó y vio su presente y su futuro enganchados en una calle apedrada y angosta. Los balcones, las flores blancas totalmente abiertas a su alrededor. ¿Es que acaso había estado todo eso ahí antes? Se escucho el ligero rechinido de unos frenos y una parte de su cuerpo, todavia en automático, adelantó los pasos para hacer la subida. Un golpe hueco y entre el gris y el negro todo se apaga de repente. Murmullos, gritos y los latidos cada vez mas tenues. No sin antes volver a abrir los ojos para entre nubes que ahora acompañaban su visión, buscar la mirada que le dio vida a su vida cuando esta terminó.

 

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